Ante la desaceleración del crecimiento es necesario acelerar la acción

8 de octubre de 2019

Introducción

Gracias, Tom, por esta generosa presentación. Es un honor estar aquí con todos ustedes para dar mi primer discurso como Directora Gerente del FMI.

Me complace continuar la tradición de mi maravillosa predecesora, Christine Lagarde, y analizar las perspectivas y prioridades con antelación a nuestras Reuniones Anuales.

Como muchos de ustedes saben, Christine integró el equipo francés de natación sincronizada. Y en honor a su legado hoy quisiera tomar en préstamo para mi discurso el concepto de sincronización.

Cuando asumí el cargo de Directora Gerente, pensé qué podrían preguntarle al FMI los Ministros y Gobernadores la próxima semana. Lo consulté con David Lipton, quien con tanta eficacia lideró el FMI durante este período de transición. Y también conversé con muchos de mis nuevos colegas.

Para nosotros hay una pregunta que se destaca:

¿Qué podemos hacer todos nosotros para curar las fracturas de la economía mundial y estimular un crecimiento más vigoroso?

Esta es la pregunta con la que quiero comenzar esta mañana.

Por suerte, no tengo que responderla sola. Tengo el apoyo de esta gran institución, su experimentado Directorio Ejecutivo y su personal de calibre internacional. 

Por lo tanto, entremos en materia.

Las perspectivas

Hace dos años, la economía mundial se encontraba en un período de auge sincronizado. En términos de PIB, casi el 75% del mundo estaba en fase de aceleración.

Hoy es aún mayor la proporción del mundo que está sincronizada, pero lamentablemente esta vez el crecimiento se está desacelerando.

Se prevé que, en 2019, el crecimiento disminuya en casi el 90% del mundo[1].

La economía mundial se encuentra ahora en un período de desaceleración sincronizada.

Esta desaceleración generalizada significa que el crecimiento este año caerá a su tasa más baja desde principios de la década.

La próxima semana publicaremos nuestro informe sobre las Perspectivas de la economía mundial, que mostrará revisiones a la baja para 2019 y 2020.

Las cifras generales reflejan una situación compleja.

En Estados Unidos y Alemania, el desempleo se encuentra en mínimos históricos. Aun así, en las economías avanzadas, inclusive Estados Unidos, Japón y, en especial, la zona del euro, se observa una moderación de la actividad económica.

En algunas de las principales economías de mercados emergentes, como India y Brasil, la desaceleración es incluso más pronunciada este año.

 En China, el crecimiento se está reduciendo gradualmente con respecto al rápido ritmo que ha llevado durante muchos años.

Las precarias perspectivas plantean desafíos para muchos países que se ven confrontados con dificultades, incluidos algunos de los países que están aplicando programas del FMI.

A pesar de esta desaceleración general, se pronostica que en casi 40 economías de mercados emergentes y en desarrollo, incluidas 19 economías de África subsahariana, las tasas de crecimiento real del PIB superarán el 5%.

Entonces, ¿a qué se debe la desaceleración en 2019? A una serie de problemas y a un tema común: Las fracturas.

Comenzaré por el comercio. En el pasado, hemos advertido de los peligros de las contiendas comerciales. Ahora, vemos que están repercutiendo negativamente.

El crecimiento del comercio mundial prácticamente se ha paralizado.

En parte debido a las tensiones comerciales, a escala mundial la actividad en el sector de manufacturas y la inversión se han deteriorado sustancialmente. Existe un riesgo grave de que los servicios y el consumo pronto se vean afectados.

Y las fracturas se están extendiendo.

Hoy hay contiendas entre muchos países y abarcan otros temas fundamentales. Una vez más, las monedas están en el centro de la escena. Debido a la interconexión de nuestras economías, pronto serán muchos más los países que sientan el impacto.

La incertidumbre —provocada por las tensiones comerciales, pero también por el brexit y las tensiones geopolíticas— está frenando el potencial económico.

Aun cuando el crecimiento repunte en 2020, las grietas actuales podrían provocar cambios que duren toda una generación: cadenas de suministro rotas, sectores comerciales compartimentados y un «muro de Berlín digital» que fuerce a los países a elegir entre sistemas tecnológicos.

Nuestro objetivo debe ser reparar esas fracturas. El mundo en que vivimos está íntimamente interconectado. Por lo tanto, nuestras respuestas deben coordinarse.

Creo que podemos hacerlo. ¿Cómo? Comencemos por liberar el potencial que ofrece el comercio para generar crecimiento.

Aprovechar el potencial del comercio

He comentado que las tensiones comerciales están ahora repercutiendo negativamente. Permítanme mostrarles a qué me refiero.

Chart: Pronostico de la pérdida del PIB mundial

Este gráfico es parte del análisis actualizado sobre los aranceles que se publicará la semana próxima. Muestra el pronóstico de pérdida de PIB mundial derivada de la escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y China.

Los bloques azules, amarillos y morados muestran los costos directos para las empresas y los consumidores de las tres rondas de aranceles que se han aplicado o anunciado.

Ahora, fijémonos en los bloques rojos. Esto es lo que sucede cuando se añaden los efectos secundarios esperados, que incluyen la pérdida de confianza y la reacción de los mercados.

Los resultados son claros. En una guerra comercial, todos pierden. Para la economía mundial, el efecto acumulativo de los conflictos comerciales podría suponer una pérdida de aproximadamente USD 700 000 millones para 2020, alrededor del 0,8% del PIB. Esto es aproximadamente el tamaño de toda la economía de Suiza.

Por lo tanto, debemos trabajar de forma conjunta, ahora, y encontrar una solución duradera para el comercio.

Esto requiere decisiones difíciles y voluntad política. Pero justifica el esfuerzo.

Necesitamos un cambio genuino.

Es preciso que los países aborden las inquietudes legítimas relacionadas con las prácticas comerciales. Esto significa abordar las subvenciones, así como los derechos de propiedad intelectual y las transferencias de tecnología.

También necesitamos un sistema de comercio mundial más moderno, y específicamente liberar plenamente el potencial que ofrecen el comercio de servicios y el comercio electrónico.

Además, todos los países tienen que hacer más para ayudar a las comunidades afectadas por los trastornos asociados con la tecnología y el comercio.

La clave es mejorar el sistema, no abandonarlo.

El acceso a nuevos mercados es fundamental para mejorar el nivel de vida. Esta es parte de la respuesta a la pregunta sobre cómo reparar las fracturas. ¿Cuál es la otra parte de la respuesta? ¿Estimular un mayor crecimiento y crear más oportunidades?

Cuando se trata de mejorar la vida de la gente, el trabajo duro empieza por casa. Aprendí esta lección de primera mano al crecer detrás de la Cortina de Hierro. Fui testigo del alto costo de las políticas inadecuadas. Y también vi cómo la aplicación de políticas correctas, con el apoyo internacional, puede volver a situar a un país y su gente en la senda hacia la prosperidad.

Permítanme que me centre en las prioridades de política económica interna que consideramos fundamentales para acelerar el crecimiento y construir economías más resilientes. Y, después, quisiera referirme a cómo contribuir mediante un renovado compromiso con la cooperación internacional, y la aplicación de políticas sincronizadas, a curar por completo las fracturas.

Prioridades de política económica para lograr un crecimiento más vigoroso y resiliente

  1. Uso acertado de la política monetaria y mejora de la estabilidad financiera

Comencemos con la política monetaria y la estabilidad financiera. Los bancos centrales de todo el mundo están bregando por cumplir su mandato en circunstancias difíciles. Su independencia es la base de una buena política monetaria.

¿Cuál es la mejor forma de cumplir ese mandato? Deben comunicar sus planes con claridad, seguir basándose en los datos y, cuando proceda, mantener bajas las tasas de interés. Sobre todo, dado que la inflación todavía es moderada en muchos países y el crecimiento se está debilitando en general.

Sin embargo, las tasas de interés ya son muy bajas, o incluso negativas, en muchas economías avanzadas. Por tanto, en esas economías podría haber poco margen para intensificar el uso de las herramientas convencionales.

La persistencia de bajas tasas de interés también tiene efectos colaterales negativos y consecuencias no buscadas. Pensemos en los fondos de pensiones y las compañías de seguros de vida que están realizando inversiones más riesgosas para alcanzar el rendimiento que se han fijado como objetivo. En nuestra labor de supervisión, vemos que en todo el mundo los inversionistas están tomando mayores riesgos.

Todo esto crear vulnerabilidades financieras. En algunos países, las empresas están aprovechando las bajas tasas para acumular deuda y financiar fusiones y adquisiciones, en lugar de invertir.

Nuestro análisis muestra que en caso de producirse una desaceleración importante, la deuda empresarial en riesgo de incumplimiento se elevaría a USD 19 billones, casi el 40% de la deuda total de las ocho principales economías[2]. Estas cifras superan los niveles vistos durante la crisis financiera.

Las bajas tasas de interés también están incitando a los inversionistas a buscar mayores rentabilidades en los mercados emergentes. Esto deja a muchas economías más pequeñas expuestas a una repentina reversión de los flujos de capitales.

Por tanto, necesitamos herramientas macroprudenciales. Además, podemos utilizar nuevos métodos para gestionar mejor la deuda, reducir los ciclos de expansión y contracción financiera y contener la volatilidad.

Pero hay algo que debemos dejar muy claro. Las políticas monetaria y financiera no pueden hacer el trabajo por sí solas. La política fiscal debe desempeñar un papel central.

Sé que se suele decir que el FMI sostiene que «es sobre todo una cuestión fiscal». Quisiera ser fiel a la costumbre y centrarme a continuación en la política fiscal.

  1. Aplicar herramientas fiscales para hacer frente a los desafíos actuales

Ahora es el momento de que los países con margen en sus presupuestos hagan uso de su capacidad fiscal o se preparen para hacerlo. De hecho, las bajas tasas de interés podrían proporcionar a las autoridades económicas recursos adicionales para gastar.

En países como Alemania, Corea del Sur y Países Bajos, un aumento del gasto —sobre todo en infraestructura e I+D— contribuiría a impulsar la demanda y el potencial de crecimiento.

Este consejo no funcionará en todas partes. A escala mundial, la deuda pública está cerca de niveles históricos. Por lo tanto, en el caso de países con una relación deuda/PIB elevada, está justificada la moderación fiscal.

Los países, por supuesto, adaptarán las políticas en función de sus circunstancias. En cualquier caso, en todos los países, la reducción de la deuda y el déficit siempre debe llevarse a cabo de forma tal que se proteja la educación, la salud y el empleo. Y cada uno de los países se ve ante la dificultad de responder a la pregunta de cuáles serán las nuevas fuentes de crecimiento en un mundo en rápido cambio. Creo que centrar la atención en las variables fundamentales de la economía puede ser de ayuda a este respecto. 

Una forma de crear mayor margen de maniobra fiscal es mediante la movilización de ingresos internos. Reduciendo la corrupción y utilizando instrumentos digitales para la recaudación de impuestos es posible incrementar los recursos y estimular nuevas inversiones en la gente. También puede ayudar a los países a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030.

  1. Implementar reformas estructurales para el crecimiento futuro

Justo cuando los países están decidiendo qué políticas tienen más sentido en este momento, es necesario que no perdamos de vista el horizonte.

La pérdida de puestos de trabajo derivada de la automatización y de los cambios demográficos requiere que los países reformen la estructura de sus economías.

Si no actuamos ahora, muchos países se verán estancados en un crecimiento mediocre.

Un nuevo estudio del FMI —centrado específicamente en las economías de mercados emergentes y en desarrollo— muestra de qué manera las reformas estructurales pueden aumentar la productividad y generar enormes beneficios económicos.

Estos cambios son la clave para lograr un crecimiento más alto en el mediano y largo plazo.

Mediante reformas adecuadas, aplicadas en la secuencia correcta, es posible duplicar la velocidad a la que las economías de mercados emergentes y en desarrollo alcanzan el nivel de vida de las economías avanzadas[3].

También sabemos que cuando los países emprenden reformas simultáneamente puede producirse un efecto de contagio positivo.

¿Qué políticas son las que mejor funcionan? Permítanme que dé varios ejemplos[4].

  • En Chile, los programas de guarderías infantiles aumentaron la participación de las mujeres en la fuerza laboral y estimularon la actividad económica. Lo que prueba, por cierto, que el empoderamiento de las mujeres es un factor de cambio estructural de la economía.
  • En Ghana, la legislación anticorrupción generó más transparencia y mejoró la rendición de cuentas.
  • En Jamaica, que está finalizando un programa respaldado por el FMI, la reducción de la burocracia facilitó la creación de nuevas empresas.

Este tipo de reformas contribuyen a que la gente encuentre nuevas oportunidades, reducen la desigualdad excesiva y permiten que los países se preparen para hacer frente a shocks.

Aquí quisiera destacar que hoy el FMI celebra una conferencia en honor de una de nuestras jóvenes investigadoras —Giang Ho—, quien estudió muchas de estas cuestiones y que tristemente falleció el último año. 

 Tomo prestado un proverbio de su país de origen, Vietnam: «El momento de saltar es antes de que tus pies se mojen».

Es tal cual. Si esperamos hasta la próxima crisis, será muy tarde.

Debemos actuar ahora.

También, debemos actuar juntos.

  1. Sumarse a la cooperación internacional

Esto es lo que veo. Aunque la necesidad de cooperación internacional está aumentando, la voluntad de participar en ella está disminuyendo. El comercio es un ejemplo de ello. Y sin embargo, necesitamos trabajar mancomunadamente. Desde adaptarnos de manera segura a las tecnofinanzas, hasta implementar de manera cabal el plan de reformas de la regulación financiera, y luchar contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

Y necesitamos trabajar juntos para abordar el cambio climático.

El cambio climático

 Es una crisis a la que nadie es inmune y sobre la que todos tenemos la responsabilidad de actuar.

Una de nuestras prioridades en el FMI es brindar asistencia a los países en el proceso de reducción de las emisiones de carbono y desarrollo de su resiliencia climática.

Al precio promedio actual del carbono, de USD 2 la tonelada, la mayor de la gente y la mayoría de las empresas tienen pocos incentivos financieros para emprender esta transición. Para limitar el calentamiento global a un nivel seguro es necesario que el precio del carbono sea sensiblemente más alto.

Algunos países ya han adoptado una estrategia categórica: aplicar impuestos sobre el carbono.

Un buen ejemplo es el caso de Suecia: cuando en 1991 estableció un impuesto sobre el carbono, los hogares de bajo y mediano ingreso recibieron transferencias más altas y recortes de impuestos para ayudar a contrarrestar el mayor costo de la energía. Este cambio de política fue un factor fundamental que permitió reducir las emisiones de carbono de Suecia en un 25% desde 1995, en tanto que la economía del país creció más del 75%.

Un nuevo estudio presentado en nuestro Monitor Fiscal, de próxima publicación, confirma que los impuestos sobre el carbono pueden ser una de las herramientas más poderosas y eficientes. La clave está en modificar los sistemas tributarios, y no simplemente en establecer un nuevo impuesto[5].

La recaudación adicional podría utilizarse para recortar otros impuestos y financiar la asistencia a los millones de hogares afectados. Estos nuevos recursos podrían respaldar también inversiones en infraestructura de energías limpias que contribuirán a reparar el planeta.

Para hacer frente al cambio climático no solo se necesita mitigar el daño, sino también adaptarse para el futuro. Adaptarse significa muchas cosas, pero sobre todo tiene que ver con determinar el precio de los riesgos y crear incentivos para la inversión, incluida la inversión en nuevas tecnologías.

Las investigaciones sobre la adaptación en otras organizaciones muestran que desarrollar resiliencia también resulta eficaz desde el punto de vista económico.. La inversión de USD 1,8 billones a escala mundial en la próxima década podría generar USD 7,1 billones en beneficios netos totales[6].

Un análisis del FMI presentado en el Informe sobre la estabilidad financiera mundial muestra el avance que se está realizando en el sector del financiamiento privado. Los denominados bonos verdes están creciendo en Europa y partes de Asia[7]. Esta evolución es positiva, aunque está lejos de ser suficiente.

Cruzarse de brazos tiene un precio demasiado alto. Reconocemos que cada país se ve ante desafíos y limitaciones específicos. Podemos, y debemos, cooperar ahora frente a este desafío y trabajar conjuntamente de forma infundir una confianza renovada en el multilateralismo.

En diversas ocasiones he dicho que para defender la cooperación ante un mundo más escéptico se requiere lograr resultados reales para la vida de las personas.

También significa recordarle a todo el mundo el poder de las alianzas en tiempos de crisis. Con esto quisiera concluir con una reflexión sobre nuestro futuro incierto

Conclusión

Si la desaceleración de la economía mundial es más pronunciada de lo que se prevé, puede ser necesaria una respuesta fiscal coordinada.

Permítanme aclarar algo. No nos encontramos en esa situación. Pero, cuando se trata de prepararse para la posibilidad de una respuesta coordinada, debemos recordar el consejo de Shakespeare:

«Mejor tres horas antes que un minuto tarde»[8].

Nuestras investigaciones muestran que las modificaciones del gasto son más eficaces y tienen un efecto multiplicador cuando los países actúan de forma conjunta. 

O, dicho de otro modo, si la desaceleración sincronizada empeora, posiblemente deberemos dar una respuesta de política económica sincronizada.

En el pasado reciente, hemos visto la eficacia de este enfoque. Pensemos en 2009 y el compromiso del G20 sobre un estímulo conjunto.

Es un recordatorio importante de que los países pueden proteger a sus propios ciudadanos, al tiempo que se moviliza la cooperación internacional para beneficio mutuo.

Quisiera concluir como comencé, con una imagen de natación sincronizada.

Insto a nuestros 189 países miembros, que se reunirán en Washington la próxima semana, a que vengan preparados para encontrar soluciones.

Estoy segura de que, si actuamos de manera cooperativa, teniendo presentes los desafíos e intereses mutuos, podemos crear un futuro mejor para todos.

Muchas gracias.

[1] Medido según el PIB real (en tasas basadas en la paridad de poder adquisitivo).

[2] Informe GFSR, de próxima publicación, capítulo 1, octubre de 2019. Países: Alemania, China, España, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos

[3] Capítulo 3 de Perspectivas de la economía mundial, de próxima publicación. «Reavivar el crecimiento en las economías de mercados emergentes y de bajo ingreso: El papel de las reformas estructurales». Octubre de 2019. Sobre la base de las tasas de crecimiento proyectadas para un horizonte de 5 a 6 años.

[4]Id. Algunos ejemplos del capítulo 3 de Perspectivas de la economía mundial. Examen del período 2000-14.

[5] Monitor Fiscal, de próxima publicación. «Cómo mitigar el cambio climático». Octubre de 2019

[6]Global Commission on Adaptation 2019 Report.

[7] Capítulo 5 del Informe sobre la estabilidad financiera mundial, de próxima publicación. Octubre de 2019

[8] William Shakespeare. Las alegres comadres de Windsor. Acto II, escena II.

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